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jueves, 22 de octubre de 2009

LOS CAÑOS DE MECA, CÁDIZ


Si no sabeis dónde pasar las vacaciones el próximo verano, aquí os dejo un buen ejemplo para compaginar naturaleza, tranquilidad (quien quiera), playita, chiringuitos y buen rollo.
Los Caños de Meca es el lugar idóneo para pasar unas semanitas a la sopa boba. Para dormir teneis que ir al camping Camaleón. Es camping libre, con lo cual podeis acampar donde querais ya que no tiene parcelas ni nada de eso sino que puedes plantar la tienda debajo de cualquiera de los muchos pinos y arboles que tiene. Lo bueno de esto es que cada mañana puedes despertar con nuevos vecinos.

Por lo general los visitantes suelen ser gente jóven y la mayoria de estilo hippy aunque te puedes encontrar de todo.

El camping no tiene piscina pero la verdad es que no la necesita porque tienes la playa muy cerca. Tiene un bar, un restaurante y un cesped muy grande para beberte tus litronas y charrar con la gente. Además todos sus trabajadores son gente jóven que a parte de disfrutar allí del verano se gana unas perrillas.

Lo más bonito que tiene Los Caños es la Jaima mora. Está situada en un acantilado y conforme vas descendiendo por sus tres plantas acabas en la orilla del mar Atlántico. Una pasada!. Lo mejor que puedes tomar allí es un super mojito que te prepara, si no recuerdo mal, el dueño de la jaima. Es un hombre de unos 60 años super cachondo.

Otra maravilla de Los Caños es su playa. Para llegar a ella tienes que pasar por un camino entre pinos y descender el acantilado. El final de la playa es nudista y si rascas la roca del acantilado puede impregnarte el cuerpo de barro, dejar que se seque y luego pegarte un baño fresquito en la playa para retirarlo. El resultado es una piel super suave y brillante.

Y por la noche, si te quedas con ganas de más fiesta, porque la jaima cierra sobre las 4 de la mañana, en la carretera dirección a Conil de la Frontera hay un par de discotecas, la Paraiso y Ojú!.

Si tienes tiempo, no debes de irte in antes hacer una ruta por los pueblos que hay cerca de allí. Conil de la Frontera, Barbate, Azahara de los atunes, Tarifa, Cádiz y alguno más que seguro que se me olvida. Cada uno tiene su encanto y es obligatorio pasar por ellos y pasear por sus calles.
Pues nada chicos ánimo y al toro que por muy pocas perricas os podeis pegar un super viaje.

miércoles, 21 de octubre de 2009

CALA SAN PEDRO, LAS NEGRAS (ALMERÍA)

Y SIN EMBARGO, A VECES LA ESCASEZ ES ABUNDANCIA


La Cala San Pedro es lo más parecido a una comuna hippy donde el lema para la convivencia es “vive y deja vivir”. Las gentes del lugar campan a sus anchas sin ropa que los amarre, los animales, sobre todo los perros, disfrutan como todos del agua y la arena.
Las comodidades no sobrepasan el poder dormir en una tienda de campaña a la orilla del mar o el disfutar de una cerveza a temperatura ambiente que venden los dueños de una chabola. La luz corriente la suministran un par de placas solares rudimentarias que no dan para más de cinco horas seguidas, suficiente para que el “agua amarilla” hecha a base de malta sea potable.También hay un nacimiento de agua en el que han construido una especie de fuente con una pequeña tuberia que hace que el agua se deslice a modo de chorro.
Aunque está prohibido el uso de productos químicos, en ella se puede uno lavar y asear e incluso beber ya que el agua es fresca y apta para su consumo. Si existe una ley que debe ser cumplida por todos sus visitantes, esa es sin duda el máximo respeto por la vida y la naturaleza de esta tierra.



Existen dos formas de poder llegar a San Pedro. Una de ellas es caminando durante menos de dos horas por la reserva natural de Las Negras, atravesando la montaña hasta acabar en un resquicio del acantilado donde puedes distinguir las celestes aguas de la cala. Otra, mucho más sencilla aunque quizá menos reconfortante visualmente hablando, es alquilar el servicio de una lancha motora que te lleva desde la playa de las Negras hacía San Pedro por un precio de unos diéz euros ida y vuelta.

Pero lo más gratificante de éste paraíso es despertarse y contemplar el paisaje, hablar con la gente que vive o pasa allí unos días y darse cuenta de lo poco que se necesita para vivir.Pasar unos días en San Pedro es como volver hacía atrás en el tiempo, olvidar la ciudad, el ruido, la polución, las normas sociales y urbanas, las modas, las ataduras, los atascos y en cierto modo la pesada rutina que acaba atrapándonos a muchos de nosotros.


Para algunos es una forma de vida y para otros una manera de escapar de la realidad sólo necesaria en pequeñas dosis.